Una ciudad para peatones
- Eliana Isabel

- 29 jun 2020
- 2 Min. de lectura
Recientemente, publiqué una entrada sobre los puentes anti-peatonales (si no la has leído, solo sigue este link): inmobiliario urbano con dudosa funcionalidad para la mayoría de la población en una ciudad.

Me alegra mucho que un buen amigo --Diego Romero-- se haya animado a reflexionar conmigo sobre el tema y que escribiera unas líneas, que reflejan su opinión y algunos aspectos adicionales. Sin lugar a dudas esto da para que sigamos pensando sobre este tópico de desarrollo urbano.
De Diego Romero, licenciado en Planeación territorial
El movimiento en contra de los puentes peatonales se dio a raíz de que organizaciones privadas pidieran un cambio en las políticas públicas y reglamentos de tránsito en las ciudades. Como hemos visto, el auto es el principal beneficiado en la gran mayoría de ciudades, y organizaciones como ITDP exigieron un cambio en la “pirámide” (como ellos la denominan), en donde en la punta y más importante están los peatones, seguidos por ciclistas, transporte público y transporte privado.
Es por eso que los puentes peatonales en su gran mayoría no son funcionales, pues dan prioridad al libre tránsito de los automóviles, en vías donde se necesita más seguridad para el peatón. Creo necesario e importante el análisis de la implementación de los puentes peatonales; muchos ya no están en condiciones para su funcionamiento y otros no son necesarios porque ocupan más espacio del que deberían y algunas veces perjudican la imagen urbana de las ciudades.
Es necesario continuar con este ejercicio de racionalización de las personas hacia la manera en que conviven con las ciudades. No es lo mismo un recorrido en auto que a pie y esto abre siempre nuevas maneras de vivir la ciudad. De igual manera el medio ambiente se vería beneficiado con mejores implementaciones de la infraestructura vial, donde sean no solo los autos, sino también los peatones y ciclistas los que puedan vivir la ciudad de manera segura.




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