Wildavsky y el camino hacia políticas públicas legítimas
- Eliana Isabel

- 31 jul 2020
- 4 Min. de lectura
Actualizado: 2 ago 2020
Un buen amigo y colega de la maestría me habló sobre un noble y muy ambicioso proyecto que un eminente profesor del CIDE –David Arellano– y él –Gabriel Rojas– lanzaron desde febrero de este año: se trata de un podcast quincenal llamado El Administrador Público, en el que analizan problemas nacionales e internacionales con base en textos clásicos de las disciplinas de Políticas Públicas, la Administración Pública y las Teorías de la Organización. Y sí, está en Spotify.

La primera entrega de este podcast se titula “Hablándole con la verdad al poder”; tal como se titula el libro del politólogo estadunidense Aaron Wildavsky, publicado en 1987. Wildavsky es uno de los autores clásicos para los que estudiamos a las políticas públicas como disciplina y que gustamos de tratar de entender por qué los gobiernos y sus administraciones funcionan como lo hacen. Es por ello, que este ejercicio de divulgación científica me parece tan apreciable, pues ofrece a las personas –ajenas o no al área– una mirada distinta sobre temas que pueden ser familiares, dado que son noticias cotidianas.
De esta manera, para cruzar teoría y práctica, los profesores Arellano y Rojas hablan del problema del calentamiento global y emplean los argumentos de Wildavsky para analizarlo: el tema del calentamiento global tiene décadas en la agenda pública global; equipos científicos han estudiado el fenómeno y descubierto sus causas, así como señalado las consecuencias que ha traído o traerá en los próximos años si no se toman las medidas de prevención adecuadas. En suma, hay evidencia que nos permite aceptar la existencia de un problema ambiental.
Cabe destacar que una política pública centra su razón de ser en un problema previamente construido. Esto significa que los problemas no son nunca objetivos; por el contrario, un problema público es una elaboración, resultado –en el mejor de los casos– de la información generada a partir de investigación científica y de su comunicación a diferentes audiencias. Por ello, no es raro ver que algunas personas o grupos continúan dudando de la existencia del calentamiento global y del cambio climático, a pesar de las evidencias.

Para Wildavsky, si partimos del supuesto que somos parte de una sociedad democrática, entonces la formulación de una política pública que permita solucionar el calentamiento global debe pasar por dos fases: una de tipo cognitivo o racional y otra social. ¿Pero qué es una sociedad democrática? ¿Y qué es una política pública?
Este autor nos dice que una sociedad democrática es una sociedad plural, que concibe la existencia de diferentes valores no alineados y, por ende, de intereses en competencia constante. Esto es, lo que yo valoro y me interesa defender no es lo mismo que mi vecina valora ni le interesa: por ejemplo, yo valoro la libertad de decidir sobre mi cuerpo, por lo tanto, estoy en contra de la penalización del aborto; sin embargo, mi amiga valora la vida desde la concepción, en consecuencia, está a favor del encarcelamiento de las mujeres que abortan. Y como ambas somos parte de una sociedad democrática, ambas posturas son válidas y merecen ser tomadas en consideración.
Ello nos revela que no puede haber una única solución para un problema, en sociedades plurales. Wildavsky nos explica también que una política pública no es un programa gubernamental, sino todo un proceso en el que intervienen personas con preferencias particulares, métodos para la toma de decisiones y tiempos a seguir. Es por esto que se habla de la fase cognitiva –en la que se usan datos y se genera información para medir las magnitudes del problema en cuestión– y de la social –donde diferentes públicos discuten el problema y proponen soluciones–.
Si tomamos estos aspectos en consideración, podemos observar el tamaño del reto que tienen los encargados de tomar decisiones de gobierno. Arellano y Rojas nos piden imaginar la dimensión de la responsabilidad que traen a cuestas el y la administradora pública: para diseñar una política que resuelva el calentamiento global deben considerar el abanico de intereses que tocan, el conjunto de valores que priorizarán y, no menos importante, los efectos secundarios de la solución a implementar. Recordemos que una solución siempre representará la elección de un conjunto de valores e intereses, por encima de otros. Por lo que habrá “ganadores” y “perdedores”.

Una de las lecciones más importantes que nos transmite Aaron Wildavsky sobre el proceso de creación de una política pública es precisamente la legitimidad que ésta gana, durante la fase de discusión social. De nada servirá tener una política impecable en el manejo de datos y su diseño, si no fue consultada con los diversos grupos de interés que afectará directa o indirectamente.
Los profesores David y Gabriel subrayan que es preferible contar con un Frankenstein legítimo como primer saque de política pública, ya que así puede comenzar un proceso de aprendizaje colectivo: identificar errores de implementación y subsanarlos a futuro para perfeccionar un producto que ha sido discutido desde varias perspectivas.
Finalmente, el profesor Rojas ilustra la trascendencia de la pluralidad con un caso de éxito canadiense: en los años noventa, algunas comunidades indígenas y empresas madereras consensuaron un programa de explotación controlada de los bosques en Canadá. Esto permitió solucionar el problema de deforestación en el país.
No se los pierdan: escuchen los análisis teórico-prácticos de los profesores David y Gabriel en El Administrador Público, por Spotify.
Calidad CIDE - Conacyt ;D




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