El tren maya; ¿y la participación ciudadana?
- Eliana Isabel

- 29 ago 2020
- 3 Min. de lectura
Diego Romero, especialista en planeación territorial
El debate sobre el proyecto del Tren Maya es más un asunto político que sobre el medio ambiente. Recuerdo a uno de mis profesores de la universidad, al ser cuestionado por las grandes obras que realizan los gobiernos, nos comentó: si como gobernante no se llevó a cabo alguna obra de infraestructura importante, será igual que si no hubieras gobernado, las razón es simple, el pueblo no se va a dar cuenta que estás haciendo algo por ellos si no lo miran todos los días y esto es en términos generales y no importa el país, es como una regla de los políticos. Si algo sabemos, es que nuestro presidente es experto en estos temas; lo hizo cuando fue jefe de gobierno de la CDMX –antes Distrito Federal–, con la construcción del tramo del segundo piso del periférico.

En este contexto ya es complicado hablar sobre la viabilidad del proyecto del Tren maya. Si bien es una infraestructura necesaria en esa zona y que, sin lugar a dudas, traerá consigo grandes beneficios para la población, y en términos de turismo y finanzas del país, los costos –aunque parecen altos–, no lo son: la vía del Tren fue planeada sobre una ruta ya existente de comercio; pocos son los lugares que se conservan vírgenes de la selva en ese tramo, pues muchos gobiernos anteriores descuidaron por completo la selva, porque la base económica de la zona maya es el turismo.
Un problema que es muy discutido sobre el Tren es el de la poca transparencia en el proceso para su realización. Después de que fuera mostrado el error sobre el estudio de impacto ambiental, se satanizó por completo la obra; por lo que los siguientes estudios fueron hechos en tiempo y forma. Y esto se logró con la participación ciudadana, porque en la planeación urbana se está olvidando algo muy importante: la población.
Al final, los beneficiados de grandes obras como estas serán los pobladores, y de esto deriva la importancia de las consultas ciudadanas bien realizadas, no una consulta que, más que eso, parezca porra (decisiones a mano alzada en un mítin presidencial). Este tipo de obras para el desarrollo urbano deben ser consultadas con la ciudadanía.
El Tren maya debe ser consultado con los pueblos indígenas, con los pueblos originarios de nuestra cultura; ellos han cuidado estas zonas del país por años y al menos se les debería orientar sobre lo que viene con el cambio de su entorno físico. Esto me recuerda que tuve la oportunidad de ver el plan de desarrollo urbano para Escárcega –uno de los municipios por donde pasará el tren y donde se ubicará una estación–; fue evidente la falta de participación ciudadana en este proyecto por los llamados “proyectos detonantes”: plazas comerciales, parques en medio de la selva, ciclovías que no llevan a ningún lado. Todas estas son ideas que, si no funcionan, quedarán en el abandono y será un recurso desperdiciado; todo por no consultar la opinión de los habitantes locales.
En conclusión, considero que el Tren Maya es un proyecto muy importante, porque se trata de una oportunidad de crecimiento para el país a nivel internacional, pero que, discursivamente, muestra inconsistencias con la postura que “vende” el presidente. Estoy consciente del mal ambiental que implica, pero opino que existen suficientes recursos que nos pueden ayudar a solventar estos efectos, como el uso de nuevas tecnologías, y materiales amigables con el medio ambiente.




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